Muerte al capitalismo

ImagenEuropa ha vivido muchas crisis en su larga historia, pero la última está siendo mucho más dura de lo que cualquier político pudo prever. Lo peor de esta recesión no es su duración, sino los recortes sociales que ha supuesto para la clase media, un sector de la población que sufre esta depresión en silencio. La primavera árabe ha conseguido libertad y una democracia todavía incipiente para países como Egipto o Túnez a través de una revolución en la que la crisis de 2008 ha jugado un papel importante. La solución a la crisis siempre es la revolución, pero los dirigentes políticos europeos no lo entienden así.

Merkel, Sarkozy, Hollande, Cameron, Zapatero, Rajoy… todos han apostado por la reducción del déficit como solución a una debacle económica que los especialistas vieron como la muerte del capitalismo. Pero si ni los bancos tienen dinero tras despilfarrar sus bienes durante años, ¿cómo es posible reactivar la economía sin inyectar liquidez en el mercado? Si las familias europeas de clase media reducen su consumo, las empresas no venden productos o servicios, los bancos no generan créditos, los gobiernos no recaudan impuestos y el sistema capitalista se hunde definitivamente.

Revolución

Tras los movimientos del 15M en 2011, la clase media española ha vuelto a su letargo, sin nadie que sepa despertarla. Fue una revolución pacífica en la que los jóvenes decidieron salir a las plazas y tomar la calle para protestar ante tanta tropelía de una clase política acostumbrada a gobernar a su antojo, desoyendo a sus votantes. Estalló la burbuja inmobiliaria en una país como España en el que sus dos principales fuentes de ingreso son el ladrillo y el turismo. Pero cambiar la estructura del mercado español llevará mucho tiempo y no es la solución a nuestros males. El carácter de la población española lleva intrínseco la aceptación del engaño. Desde Lázaro de Tormes, la corrupción no ha sido visto con malos ojos. En el siglo XXI, todavía preferimos pagar una factura sin IVA. Tampoco hemos mirado con malos ojos al constructor que ha levantado urbanizaciones ilegales siempre que nos vendiera nuestro piso más barato. Ni al banquero que nos ha colocado varios créditos cuando sólo queríamos una hipoteca. Pero la época de vacas gordas ha terminado y por lo que parece tardarán muchos años en volver las gordas.

Echo mucho de menos la rebeldía de los jóvenes ante medidas impopulares como los últimos recortes sociales, el estallido de la clase media que tiene a casi 6 millones haciendo cola a las puertas del INEM, el hartazgo de los jubilados que ahora ven peligrar su pensión. Hay que promover un nuevo mayo del 68, favorecer una revolución del pensamiento y cambiar la forma de pensar de nuestros hijos. “Si algo no te gusta, protesta, levántate contra el poder y lucha hasta que triunfe la revolución, hasta que el mundo sea más justo”. Estas palabras las escuché en una asamblea del 15M en el teatro Arriaga de Bilbao. Qué lejos queda aquello y eso que sólo han pasado 15 meses…

Pero el optimismo es la única esperanza de los pobres. Así que pensemos en positivo y protestemos, alcemos nuestra voz ante los políticos y banqueros corruptos que ni van a la cárcel ni pagan lo que han robado. Y tomemos ejemplo de pueblos como el islandés que ha sido capaz de encarcelar a su presidente y obligarle a pagar lo que robó.

¡Muera el capitalismo y viva la revolución!

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